Por si fuera poco este límite físico impuesto por el objetivo, hay que añadir el centelleo característico de las estrellas debido a la turbulencia del aire, que a través del telescopio aparece como una continua agitación de la imagen, que consiguientemente aumenta respecto al disco espurio de Airy.
También hay que añadir que el efecto del disco espurio de Airy contribuye a que resulte difícil distinguir entre una estrella y un planeta como Urano o Neptuno ya que estos tienen un diámetro aparente de pocos segundos de arco (aproximadamente 4" y 2" respectivamente) por lo que se necesitan aumentos grandes para apreciar su disco pero como se ha visto esto contribuye a aumentar el efecto del disco de Airy y por tanto a confundirse con una estrella.
Como hemos comentado, la imagen de una estrella observada a través de un buen telescopio es sólo un punto. En todos los casos, sobre el foco de la lente o del espejo se produce un disco luminoso, llamado «disco de Airy», que está rodeado por algunos anillos cuya luminosidad va decreciendo de dentro hacia afuera. La figura la provoca la difracción, es decir, un fenómeno bastante complicado debido a la naturaleza ondulatoria de la luz. Las leyes del movimiento ondulatorio demuestran que cuanto mayor es el diámetro del objetivo del telescopio es menor la imagen de la estrella y, por lo tanto el disquito de Airy y sus anillos. Todo esto es muy importante en los instrumentos ópticos debido a que el fenómeno caracteriza el poder de resolución o de separación del instrumento.
Esta característica depende, desde el punto de vista físico, únicamente del diámetro del objetivo, no del ocular ni de la otras lentes interpuestas. En los telescopios, generalmente, la figura de difracción no se puede apreciar con facilidad debido a la turbulencia o a otros defectos y la estrella aparece como un disquito cuyo diámetro no tiene nada que ver con el que debería tener.
Pero, ¿qué ocurre con nuestro telescopio de aficionado?. Consideremos una estrella doble no muy luminosa, de tercera o cuarta magnitud, formada por dos astros, ambos con el mismo esplendor. Supongamos que la distancia aparente entre los dos astros sea de dos segundos de arco. Si se observa la pareja con un pequeño catalejo, por ejemplo de 25 mm. de objetivo, de óptima factura, no se conseguirá ver las dos estrellas separadas. En el ocular, sea cual sea el aumento, siempre se verá un sólo disco de difracción bastante grueso y con todos sus anillos, como sucede para todas las otras estrellas. Las imágenes de las dos estrellas se confunden entre sí, debido al pequeño diámetro del objetivo y los disquitos de Airy, al tener un diámetro angular mayor que la separación entre las dos, se confunden en uno solo. Si, por el contrario, se observa la misma pareja con un catalejo un poco mayor, por ejemplo con uno de 50 mm., se podrá advertir, con el mismo aumento que en el caso anterior, que el disquito de difracción es ahora más pequeño y tiene una forma levemente oblonga, como si estuviera formado por dos discos que se solaparan el uno con el otro. Apuntando el mismo objeto con un telescopio de 150 mm. y utilizando los mismos aumentos se podrán distinguir muy bien los dos pequeños, aunque luminosos, disquitos, ahora casi puntiformes, que representan los dos astros de la pareja; con este instrumento aparecen netamente separados.
Información extraída de la web El telescopio de aficionado.
Subir [^] |